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¿Usar tacones?

¿Usar tacones?

La biología humana nos muestra que somos animales que nacemos sin tacón. Es por ello que el abuso de usar tacones puede suponer una patología potencial. Sobre todo por el inadecuado uso biomecánico al que sometemos a todo el cuerpo.

Cuando usamos tacones estamos obligando a nuestro pie a estar de puntillas durante un periodo continuado. Esto provoca que los músculos se acaben adaptando a esta posición con una longitud acortada. De hecho se ha demostrado el desarrollo de acortamientos musculares de los gemelos y la planta del pie motivados por esta postura. Esto provoca, a la larga, un dolor en la región posterior de la rodilla que muchas mujeres justifican como causa para precisamente «no dejar de usar los tacones».

Otros estudios han asociado los tacones con un aumento de la carga de los metatarsianos en la región delantera del pie. También con el desarrollo de los fastidiosos juanetes. Además, cuanto más fino y alto sea el tacón, mayor inestabilidad de tobillo producirá.

Pero los daños del tacón no solo afectan al pie, sino también a otras partes del cuerpo. Un estudio reciente realizado con mujeres jóvenes que usan tacón a diario demuestra el daño lumbo-pélvico provocado por este efecto artificial de poner al pie de puntillas. Otros artículos científicos han descrito alteraciones de cadera por la posición de flexo de la rodilla e incluso alteraciones cervicales.

En resumen, y aunque aún hay controversia sobre qué altura de tacón es más patológica, se puede afirmar que el uso de tacón alto y fino se debería dejar sólo para ocasiones puntuales en las que no se necesite andar durante mucho tiempo seguido.

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